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Hábitos cotidianos que dañan el hígado: por qué comer de noche y las bebidas dietéticas aumentan el riesgo

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Durante mucho tiempo se ha asumido que los problemas hepáticos son una consecuencia exclusiva del consumo excesivo de alcohol. Sin embargo, los casos de enfermedad hepática están siendo impulsados de forma alarmante por otro exceso cotidiano: la comida hipercalórica. En las últimas tres décadas, los diagnósticos de esta afección han aumentado un 143 por cent, específicamente bajo el nombre de enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés), conocida anteriormente como hígado graso no alcohólico.

Este trastorno se manifiesta cuando el exceso de grasa se acumula progresivamente en el órgano, lo que puede derivar en cicatrización, cirrosis, insuficiencia hepática y cáncer de hígado. Recientes investigaciones demuestran que no solo importa qué se consume, sino también el momento en que se ingieren los alimentos y las bebidas elegidas para acompañarlos.

Cuidado con el tentempié después de la cena

Si bien estudios previos ya habían relacionado los refrigerios nocturnos con la obesidad y las enfermedades cardíacas, una investigación reciente realizada por expertos de la Universidad de Salud y Ciencia de Oregón se sitúa entre las primeras en establecer un vínculo directo con los problemas hepáticos.

Tras analizar los hábitos alimentarios de casi 200,000 participantes, los investigadores descubrieron un incremento de entre el 20 y el 30 por cent en todas las formas de enfermedad hepática entre las personas que cenan muy tarde o comen después de su horario habitual de acostarse. El doctor Robert Wilechansky, autor principal del estudio, señaló que este trabajo es de los primeros análisis a largo plazo que conectan explícitamente este comportamiento con el hígado graso.

Los científicos explican que este fenómeno podría deberse a la alteración del ritmo circadiano y el reloj biológico interno del hígado. Durante el día, este órgano está optimizado para procesar nutrientes, regular la azúcar en sangre y metabolizar grasas. No obstante, por la noche, cuando el cuerpo debería descansar y ayunar, muchos de estos procesos metabólicos se ralentizan o se detienen para dar paso a la autofagia, un mecanismo de reciclaje celular que elimina células dañadas. Comer fuera de estos ciclos naturales puede alterar los genes que regulan el metabolismo hepático, promoviendo un mayor almacenamiento de grasa.

El impacto de los carbohidratos frente a las grasas

Contrario a la creencia popular, aumentar la ingesta de grasas —como las presentes en el tocino, las salchichas, los huevos y el queso— y reducir los carbohidratos podría ayudar a disminuir la grasa acumulada en el hígado de forma drástica. Investigadores estadounidenses observaron que cuando pacientes con hígado graso adoptaron una dieta baja en carbohidratos rica en carnes, huevos y productos lácteos, la grasa hepática se redujo en un 67 por cent en apenas cinco meses. En comparación, quienes siguieron una dieta de estilo mediterráneo, basada en grasas saludables, vegetales y granos integrales, experimentaron una reducción del 45 por cent.

Los expertos atribuyen este beneficio a la disminución de los picos de glucosa e insulina. El consumo elevado de carbohidratos refinados, como el pan blanco y la pasta, provoca que el exceso de azúcar se convierta en grasa y se almacene en el hígado. No obstante, los especialistas aclaran que esto no significa basar la alimentación exclusivamente en embutidos, ya que las grasas insaturadas del aceite de oliva, los frutos secos y los pescados grasos continúan siendo la opción más saludable, además de que los químicos de las carnes procesadas se han vinculado con miles de casos de cáncer de intestino.

Los peligros ocultos de los refrescos de dieta

Mientras que los refrescos azucarados tradicionales han estado bajo escrutinio durante años, los estudios actuales indican que las alternativas bajas en azúcar o sin azúcar podrían ser igual de perjudiciales para la salud hepática. Investigadores chinos determinaron que consumir tan solo una bebida baja en azúcar o sin azúcar al día, como la Coca-Cola Diet o la Sprite Zero, incrementaba el riesgo de desarrollar hígado graso en un 60 por cent. En contraste, quienes consumían regularmente bebidas endulzadas con azúcar presentaban un aumento del 50 per cent en el riesgo.

A diferencia del azúcar, que el organismo ha evolucionado para procesar, los edulcorantes artificiales son compuestos sintéticos que podrían alterar las bacterias intestinales e interferir en los procesos metabólicos normales, fomentando la inflamación y la acumulación de grasa. A pesar de esto, el exceso de azúcar proveniente de refrescos convencionales también puede sobrecargar el hígado. El agua se mantiene como la alternativa más segura y saludable para favorecer las funciones depurativas del organismo.

Precaución con los suplementos de venta libre

Los suplementos nutricionales y a base de hierbas también representan un riesgo latente para el hígado. Aunque se comercializan como productos naturales, dosis elevadas de ciertos compuestos pueden volverse tóxicas porque el órgano debe procesarlos. Entre los suplementos que generan mayor preocupación por su potencial hepatotoxicidad en dosis altas se encuentran la vitamina A, la ashwagandha y el extracto de té verde.

Al tratarse de una vitamina liposoluble, la vitamina A se almacena en los tejidos corporales en lugar de eliminarse por la orina, lo que facilita alcanzar niveles tóxicos. Asimismo, diversos remedios herbales han sido vinculados con lesiones hepáticas según bases de datos como LiverTox, de los Institutos nacionales de Salud de estados unidos. Los especialistas recomiendan priorizar una alimentación equilibrada antes que depender de múltiples suplementos diarios.

El papel protector del café y la pérdida gradual de peso

Por otro lado, el consumo regular de café se ha asociado con propiedades antifibróticas que ayudan a prevenir y reducir el tejido cicatricial en el hígado. Numerosas investigaciones sugieren que los bebedores habituales de café presentan menor probabilidad de desarrollar cirrosis, cáncer hepático y enfermedad hepática avanzada gracias a sus compuestos antioxidantes. Un estudio reciente demostró que incluso el café descafeinado contribuye a proteger contra el cáncer de hígado.

Finalmente, perder peso es una de las estrategias más eficaces para combatir el hígado graso. De acuerdo con la Asociación Gastroenterológica estadounidense, no se requieren reducciones drásticas: perder apenas un 5 por cent del peso corporal comienza a disminuir la grasa hepática, mientras que reducciones del 10 por cent o más pueden revertir la inflamación y parte de las cicatrices. Los expertos aconsejan una pérdida de peso gradual y constante mediante la moderación de porciones, evitando las dietas estrictas y difíciles de mantener a largo plazo.

Source: Daily Mail | Salud.

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